gobernar en el barro”. Escribe Pablo Pérez Paladino

La inflación vuelve a tensionar, el apoyo ciudadano muestra signos de desgaste y el caso Adorni suma capítulos semana a semana. En ese contexto, el gobierno se mueve hacia un terreno donde se siente cómodo: el barro.
La estrategia del conflicto permanente
El ataque sistemático a periodistas, analistas y consultores que no están alineados con el oficialismo se convirtió en una constante. No es un desliz. Es un método.
El propio Presidente encabeza esa dinámica desde sus redes sociales, marcando blancos y amplificando confrontaciones. La línea del respeto y la tolerancia desaparece. Los límites se corren todos los días un poco más.
Lo vimos esta semana con la restricción al ingreso de periodistas a Casa Rosada. Lo vimos con el tono de las críticas públicas. Lo vemos cada vez que aparece un actor que incomoda.
El modelo no es nuevo. Tiene similitudes claras con lo que sucede en Estados Unidos con Donald Trump.
¿Fenómeno de época o decisión estratégica?
Muchos lo explican como un fenómeno de época. Otros lo ven como una degradación del debate público.
Pero hay una pregunta más interesante: ¿es una estrategia deliberada para desorientar a la opinión pública?
En un escenario donde los indicadores económicos no acompañan, instalar conflicto permite correr el eje de la discusión. La gente puede no estar de acuerdo con las formas. Pero eso no implica que rechace el fondo.
Ahí está la clave.
Una parte de la sociedad puede cuestionar el tono, pero al mismo tiempo avalar la confrontación con ciertos actores: periodistas, empresarios, oposición.
El riesgo de correr siempre el límite
Este tipo de estrategia tiene una lógica propia. El provocador necesita subir la apuesta constantemente. Cada día un poco más. Cada conflicto es un poco más intenso. Porque cuando la provocación se vuelve rutina, pierde efecto.
El problema es que ese camino no tiene punto de equilibrio.
El verdadero test sigue siendo económico
Más allá de las maniobras de distracción, hay algo que el propio gobierno sabe: su evaluación no se va a definir por sus peleas, sino por sus resultados.
Inflación. Salario. Empleo.
Ahí está el veredicto. Y ahí es donde el margen empieza a achicarse.
El tiempo deja de ser aliado
El calendario empieza a jugar. El proceso electoral está a la vuelta de la esquina. El tiempo ya no es un aliado automático. Empieza a ser presión.
Para el gobierno, para mostrar resultados.
Para la oposición, para construir algo que hoy no existe.
Una reflexión final
En la Cumbre Mundial de Comunicación Política en Montevideo, dos expresidentes uruguayos -Sanguinetti y Lacalle Pou- debatían desde posiciones ideológicas distintas, pero con un nivel de coincidencias que superaba ampliamente las diferencias.
Ahí aparece una pregunta incómoda para la Argentina: ¿Las posiciones extremas son efectivas para llegar al poder, pero insuficientes para gobernar?
¿No será tiempo de pensar en acuerdos que fijen un rumbo y permitan construir políticas sostenibles en el tiempo?
Claves de lo que viene
Las maniobras de distracción tienen un límite. Sin resultados económicos concretos, pierden efectividad.
El conflicto seguirá siendo una herramienta central del gobierno. Pero su intensidad irá en aumento.
El sistema político sigue incompleto. Sin una oposición competitiva, el debate queda desbalanceado.
*- Por Pablo Pérez Paladino
Consultor Político | Director de Enter Comunicación
Fuente: www.lavozdejujuy.com



